Poner toda la carne en el asador.

Ayer tuve una conversación importante que dirigió mi cambio de vida profesional.
Me ayudó a entender el dicho “poner toda la carne en el asador”. Es decir: dar lo mejor de ti en aquello que estés haciendo.

Una conversación que, a todas luces, va a determinar cómo será mi vida en los próximos años.

Si te inspiran los cambios radicales de vida, o sientes curiosidad por cuál fue el mío, sigue leyendo este blog.


De Bióloga y psicóloga…a escritora.

Tenía 30 años. Había estudiado dos carreras: Biología y Psicología.

En ese momento me dedicaba a ejercer un trabajo que me apasionaba: psicóloga especializada en trauma psicológico. Todos los días escuchaba y trabajaba con personas sus traumas, vivencias difíciles y emociones. Viajaba con ellas a su interior.

Pero mi trabajo fue la chispa que encendió el fuego. ¿Sabes eso de que las situaciones que vives, a veces, funcionan como un espejo y te ayudan a ver cosas que tú no puedes? Pues ahí estaba yo: a cada libro de trauma que leía y cuanta más información recibía, más grande se hacía ese espejo, y más fuerte era el rechazo hacia lo que tenía dentro y estaba a punto de explotar.

El cuerpo no miente.

Ese rechazo se volvió físico.

Empecé a enfermar con frecuencia, aunque, en términos médicos, nadie podía explicarme por qué sentía tanto dolor en determinadas partes de mi cuerpo.

Mi cuerpo estaba hablando lo que yo no podía. En él se sentía un fuerte “no”, un gran rechazo hacia la vida que me rodeaba. Pero mi mente insistía: «No puedes abandonar ahora. Has luchado mucho por esto. Es tu vocación«.

Aun así, después de meses de búsqueda, de preguntas sin respuestas, de noches sin dormir y de llantos silenciados, tomé una decisión: dejar mi trabajo como psicóloga. A pesar de que adoraba ese trabajo, sentí que era el primer paso para embarcarme en la búsqueda de la persona que quería ser. Sentía que, en parte, la psicóloga que era formaba parte de la coraza que había creado alrededor de las heridas que no quería ver. Ahora mismo no puedo contarte de qué hablan esas heridas, pero estoy segura de que, muy pronto, las compartiré contigo.


El sueño que me daba miedo decir en voz alta.

Y te preguntarás: ¿qué tiene que ver todo esto con poner toda la carne en el asador?

Cuando dejé mi trabajo, estaba muy perdida. Bueno, eso no es del todo cierto: sabía que, de momento, no iba a trabajar como psicóloga, y eso ya era un buen comienzo. Además, sabía exactamente lo que quería hacer, pero no me atrevía a decirlo en voz alta, porque era muy ambicioso. Y yo no estaba dispuesta, ni tenía las herramientas necesarias, para poner toda la carne en el asador. Simplemente, no confiaba lo suficiente en mí.

De hecho, tuvieron que pasar dos años —dos años en los que me dediqué a sanar mis heridas y a llorar todo lo silenciado— para poder decir en voz alta la verdad. Quería un cambio de vida profesional y:

Trabajar como escritora de ficción.

Siempre lo había querido. Pero si algo he aprendido del trauma es que, la mayoría de las veces, este se traga todo lo que eres y te reduce a un montón de decisiones que no están conectadas contigo. O sólo lo están en parte.

En realidad, de entre todos los trabajos que habría podido elegir, el de psicóloga estaba muy relacionado con mi personalidad y mis capacidades. Pero la vida tenía otro camino para mí, y mi cuerpo me lo hizo ver.


La trilogía que cambió mi rumbo.

Este verano, después de un viaje por Europa, he podido terminar el primer borrador de mi primer libro: el tomo uno de una trilogía.

Pero justo cuando parecía que debía apostar por él, volví a dudar.

Pensé en diversificar, incluso en volver al a psicología.

Una parte de mí echaba de menos ese mundo….y otra no creía posible vivir como escritora.

¿Es eso justo?


La conversación que me hizo reaccionar.

Mi hermana, mi marido y mis padres, en cuanto les conté mis planteamientos, me dijeron:


—Bea, ya has llegado hasta aquí. Pon toda la carne en el asador y dedícate a la trilogía. Si luego no lleva a nada, siempre podrás volver a otro trabajo que te gusta, que es la psicología.

En ese momento, al escuchar lo que me decían los tres en sintonía, mi cuerpo reaccionó sintiendo un alivio inmediato: había escuchado exactamente lo que necesitaba oír.

Llevaba meses haciéndome las preguntas más profundas sobre mi trabajo, el sueldo que me iba a dar… pero no había estado escuchando lo que mi cuerpo quería decirme (otro síntoma de trauma psicológico: la desconexión del cuerpo).


A veces el cuerpo sabe antes que tú.

Después de escuchar esa conversación, me di cuenta de que mi cuerpo quiere poner toda la carne en el asador, y así se reflejó en ese sentimiento de certeza que noté en el pecho. Y si mi cuerpo quiere intentarlo hasta el final, y ver si acaso puedo conseguirlo, ¿quién soy yo para negarlo? Al fin y al cabo, ya he visto lo que sucede cuando vas en contra de tu propio camino: puedes llegar a enfermar.

A continuación, mi hermana añadió la guinda del pastel:


—Es mejor arrepentirse de lo que has hecho que de lo que no.

Y me encontré asintiendo, inconscientemente, segura de que prefería exactamente eso: arrepentirme de lo que había hecho, y no de lo que me había quedado pendiente.

No quiero que la escritura se me quede pendiente. Y mi cuerpo y yo lo sabemos.


Gracias por leerme hasta aquí. Después de lo fructífera que fue esta conversación para mí, quería compartirla conmigo en este primer blog. Ahora ya te he presentado mi trayectoria y el cambio de vida profesional:

Estudié Biología.

Trabajé como psicóloga.

Pero ahora me desarrollo como escritora.

Y dejar una frase que ahora uso como mantra personal:


Pon toda la carne en el asador, especialmente cuando quieras un cambio de vida profesional.

Porque solo así sabrás dónde puedes llegar.

Bienvenido/a a mi blog.

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8 comentarios en “Poner toda la carne en el asador.”

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