Proceso creativo

✨ El anti-Glow Up de septiembre: un ejercicio de verdad

ESTE AÑO, ALGO HA CAMBIADO… Septiembre siempre empieza fuerte. Con muchos propósitos que, más que motivar, a veces nos sobrepasan por pura exigencia. No me malinterpretes: cuando se trata de propósitos, siempre he sido la primera en estar al pie del cañón. Me llenaba de buenas intenciones, pero con cero compasión hacia mi yo futuro. A las pocas semanas, esos propósitos que parecían tan inspiradores me generaban más estrés que alegría. Y cuando me daba cuenta de que no estaba cumpliendo lo que había escrito en la lista, terminaba entre lágrimas en el sofá, sintiendo que había fracasado. Este año algo ha cambiado. 🍂 UN SEPTIEMBRE DIFERENTE No he hecho una lista infinita.Solo me he permitido unas cuantas sugerencias en mi mente: pequeñas cosas que me gustaría ir incorporando a mi día a día durante el otoño. Nada más.Nada menos. 🌟 ¿QUÉ ES EL FAMOSO GLOW UP? El Glow Up es un concepto muy de moda en TikTok e Instagram.Consiste en reflexionar sobre cómo mejorar y brillar más, ya sea en alimentación, forma física, estado mental o emocional. Pero cuando me encontré con una lista de preguntas bajo el título Glow Up Era en Pinterest, algo me pasó: En lugar de brillo, sentí presión. Porque esa obsesión con la mejora continua puede ser agotadora.La vida ya nos pone delante suficientes retos que nos hacen evolucionar. ¿De verdad necesitamos añadir más presión?Si siempre perseguimos “ser mejores”, parece que lo que somos hoy nunca es suficiente. 🔄 MI EJERCICIO DE ANTI-GLOW UP Decidí responder esas preguntas, pero a mi manera.Lo llamé un Anti-Glow Up: un Glow Up inverso. Un ejercicio en el que, en lugar de obsesionarme con una versión futura de mí misma, me permito reconocer que ya soy suficiente hoy. Aquí te comparto algunas de mis reflexiones: 1. ¿Cómo se ve mi versión más elevada? Mi versión más elevada no está en el futuro.Es quien soy hoy, y también quien fui ayer. No necesito esperar a mañana para sentir que valgo.Ya existo, ya soy, y eso es suficiente. 2. ¿Qué hábitos me frenan? El hábito de centrarme demasiado en la idea de estar siempre mejorando. Cuando pienso que “hoy no soy la mujer que deseo ser”, me invade la tristeza.¿Acaso no hago lo que puedo cada día, con la mejor de mis intenciones? La humanidad más elevada está en la aceptación radical: amar lo que somos ahora, con nuestras luces y nuestras sombras. 3. ¿Cómo quiero sentirme cada día? Quiero sentirme humana.Habrá días con defectos y días de aprendizaje.No espero sentirme bien todos los días. Mi meta real es otra: aceptación radical y compasión con quien soy hoy. 4. ¿Qué áreas de mi vida necesitan más cuidado? Mis sombras.Esas partes de mí que a veces niego y que, cuando no escucho, terminan gritando.Merecen ser vistas y atendidas. 5. ¿Qué cambio de mentalidad necesito? No hay un “siguiente nivel”. Apegarme a la idea de que debo ser distinta a quien soy hoy solo me aleja del amor propio. Puedo tener un rumbo, pero sé que el resultado no está del todo en mis manos.Lo importante es hacer lo que sí depende de mí, con la mejor de las intenciones. 6. Carta a mi yo del futuro “Si has llegado hasta aquí, me doy por satisfecha.No me importa lo que hayas conseguido.Estás aquí, y eso ya es lo importante.” 🪞 PREGUNTAS PARA TU PROPIO ANTI-GLOW UP Si quieres probar este ejercicio, aquí tienes una lista de preguntas que pueden ayudarte a reflexionar sin la presión de la mejora infinita: ✨ CONCLUSIÓN En fin, he dejado fuera algunas preguntas que también merecen la pena, porque ayudan a reflexionar y a conocerse mejor.Pero este septiembre he decidido algo claro: Vamos a dejar de lado el Glow Up. Porque hoy eres tu versión más elevada.No guardes ese título para un mañana que nunca llega.  

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Poner toda la carne en el asador.

Ayer tuve una conversación importante que dirigió mi cambio de vida profesional. Me ayudó a entender el dicho “poner toda la carne en el asador”. Es decir: dar lo mejor de ti en aquello que estés haciendo. Una conversación que, a todas luces, va a determinar cómo será mi vida en los próximos años. Si te inspiran los cambios radicales de vida, o sientes curiosidad por cuál fue el mío, sigue leyendo este blog. De Bióloga y psicóloga…a escritora. Tenía 30 años. Había estudiado dos carreras: Biología y Psicología. En ese momento me dedicaba a ejercer un trabajo que me apasionaba: psicóloga especializada en trauma psicológico. Todos los días escuchaba y trabajaba con personas sus traumas, vivencias difíciles y emociones. Viajaba con ellas a su interior. Pero mi trabajo fue la chispa que encendió el fuego. ¿Sabes eso de que las situaciones que vives, a veces, funcionan como un espejo y te ayudan a ver cosas que tú no puedes? Pues ahí estaba yo: a cada libro de trauma que leía y cuanta más información recibía, más grande se hacía ese espejo, y más fuerte era el rechazo hacia lo que tenía dentro y estaba a punto de explotar. El cuerpo no miente. Ese rechazo se volvió físico. Empecé a enfermar con frecuencia, aunque, en términos médicos, nadie podía explicarme por qué sentía tanto dolor en determinadas partes de mi cuerpo. Mi cuerpo estaba hablando lo que yo no podía. En él se sentía un fuerte “no”, un gran rechazo hacia la vida que me rodeaba. Pero mi mente insistía: «No puedes abandonar ahora. Has luchado mucho por esto. Es tu vocación«. Aun así, después de meses de búsqueda, de preguntas sin respuestas, de noches sin dormir y de llantos silenciados, tomé una decisión: dejar mi trabajo como psicóloga. A pesar de que adoraba ese trabajo, sentí que era el primer paso para embarcarme en la búsqueda de la persona que quería ser. Sentía que, en parte, la psicóloga que era formaba parte de la coraza que había creado alrededor de las heridas que no quería ver. Ahora mismo no puedo contarte de qué hablan esas heridas, pero estoy segura de que, muy pronto, las compartiré contigo. El sueño que me daba miedo decir en voz alta. Y te preguntarás: ¿qué tiene que ver todo esto con poner toda la carne en el asador? Cuando dejé mi trabajo, estaba muy perdida. Bueno, eso no es del todo cierto: sabía que, de momento, no iba a trabajar como psicóloga, y eso ya era un buen comienzo. Además, sabía exactamente lo que quería hacer, pero no me atrevía a decirlo en voz alta, porque era muy ambicioso. Y yo no estaba dispuesta, ni tenía las herramientas necesarias, para poner toda la carne en el asador. Simplemente, no confiaba lo suficiente en mí. De hecho, tuvieron que pasar dos años —dos años en los que me dediqué a sanar mis heridas y a llorar todo lo silenciado— para poder decir en voz alta la verdad. Quería un cambio de vida profesional y: Trabajar como escritora de ficción. Siempre lo había querido. Pero si algo he aprendido del trauma es que, la mayoría de las veces, este se traga todo lo que eres y te reduce a un montón de decisiones que no están conectadas contigo. O sólo lo están en parte. En realidad, de entre todos los trabajos que habría podido elegir, el de psicóloga estaba muy relacionado con mi personalidad y mis capacidades. Pero la vida tenía otro camino para mí, y mi cuerpo me lo hizo ver. La trilogía que cambió mi rumbo. Este verano, después de un viaje por Europa, he podido terminar el primer borrador de mi primer libro: el tomo uno de una trilogía. Pero justo cuando parecía que debía apostar por él, volví a dudar. Pensé en diversificar, incluso en volver al a psicología. Una parte de mí echaba de menos ese mundo….y otra no creía posible vivir como escritora. ¿Es eso justo? La conversación que me hizo reaccionar. Mi hermana, mi marido y mis padres, en cuanto les conté mis planteamientos, me dijeron: —Bea, ya has llegado hasta aquí. Pon toda la carne en el asador y dedícate a la trilogía. Si luego no lleva a nada, siempre podrás volver a otro trabajo que te gusta, que es la psicología. En ese momento, al escuchar lo que me decían los tres en sintonía, mi cuerpo reaccionó sintiendo un alivio inmediato: había escuchado exactamente lo que necesitaba oír. Llevaba meses haciéndome las preguntas más profundas sobre mi trabajo, el sueldo que me iba a dar… pero no había estado escuchando lo que mi cuerpo quería decirme (otro síntoma de trauma psicológico: la desconexión del cuerpo). A veces el cuerpo sabe antes que tú. Después de escuchar esa conversación, me di cuenta de que mi cuerpo quiere poner toda la carne en el asador, y así se reflejó en ese sentimiento de certeza que noté en el pecho. Y si mi cuerpo quiere intentarlo hasta el final, y ver si acaso puedo conseguirlo, ¿quién soy yo para negarlo? Al fin y al cabo, ya he visto lo que sucede cuando vas en contra de tu propio camino: puedes llegar a enfermar. A continuación, mi hermana añadió la guinda del pastel: —Es mejor arrepentirse de lo que has hecho que de lo que no. Y me encontré asintiendo, inconscientemente, segura de que prefería exactamente eso: arrepentirme de lo que había hecho, y no de lo que me había quedado pendiente. No quiero que la escritura se me quede pendiente. Y mi cuerpo y yo lo sabemos. Gracias por leerme hasta aquí. Después de lo fructífera que fue esta conversación para mí, quería compartirla conmigo en este primer blog. Ahora ya te he presentado mi trayectoria y el cambio de vida profesional: Estudié Biología. Trabajé como psicóloga. Pero ahora me desarrollo como escritora. Y dejar una frase que ahora uso como mantra personal: Pon toda la carne en el

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